Notas sobre políticas públicas (XI): La desafección frente al garrote en el Empleo Público (y en el privado, si fuese posible

Hoy no toca derecho. O sí toca: derecho al trabajo con todo su significado actual, en plena pandemia.

Hace ya muchos años estaba viendo los fuegos de la festividad del Apóstol en Santiago y, mientras el espectáculo pirotécnico asombraba a muchas personas, alguna/s observábamos con sorpresa el increíble volumen de personas que cabían en los balcones del Pazo de Raxoi, sede del ayuntamiento. La nueva (misma) sociedad estamental. Eventos con representantes políticos sin medidas de seguridad sanitaria en plena pandemia, dietas de miles de euros al año por asistir a consejos de administración, etc

Esa realidad humorística de políticos y altos cargos de las distintas administraciones con sus familias y amistades íntimas por encima de una sociedad que mira el circo con estupor. Esa realidad que nos resultaba antes asumible, ajena o indiferente, incluso hilarante, ahora en plena pandemia está azuzando la desafección como una olla a presión.

Y me explico para el caso concreto de las Administraciones públicas con un poco menos de literatura. Hay dos fenómenos que me tienen desconcertado en las AAPP en los últimos meses:

1. La cantidad de puestos de LD que resultan desiertos y la cantidad de puestos de responsabilidad que se cubren con personas de perfiles “discutibles”. Objetivamente discutibles, con datos. 

2. La distancia, insalvable cada vez más, dentro de las AAPP entre las personas ¿no políticas de profesión? que ocupan puestos directivos y sus compañeros/as

¿Será la pandemia? Entre otras causas o “instrumentos” la pandemia está provocando una absoluta desafección hacia la jerarquía en la AAPP. Más en concreto desafección frente al desprecio, frente al uso del garrote. 

¿Por qué se produce esta desafección? Porque normalmente es bueno recordar la diferencia del Derecho Romano entre “potestas” y “auctoritas” (mandar con hierro frente a mandar por capacidad y conocimientos superiores). Quizás es bueno analizar que cada vez llegamos antes (en edad) a puestos de responsabilidad, pero menos preparados en conocimientos y experiencia. Y falta también experiencia en la gestión de equipos, en la madurez en el trato personal, falta empatía (incluso rozando la aparente ps… en algunos casos). No saber tratar a las personas con respeto implica una consecuencia clara: se cierra la comunicación de abajo-arriba. Pero se produce un efecto aún más grave, la comunicación de arriba-abajo se convierte en un garrote.

Un compañero ya jubilado contaba alguna vez que hace años descubrió que cuanto más ascendía, menos gente le hablaba y menos sabía de lo que ocurría en sus unidades. Y decidió abrirse él, todos los días y lo máximo posible. Y ganó respeto y tributo de admiración en su jubilación, que ya sé que no importa (¿o sí?). Hoy es impensable, casi imposible. Y conviene recordar que la burbuja aísla, no protege.

Pero la desafección reinante, que afirmo sin datos estadísticos y que sería anecdótica sin la pandemia, se ha convertido en un mal peligrosísimo para nuestra sociedad en plena crisis de la Covid. Me explicaré. 

En los últimos meses en las AAPP (pero este análisis es aplicable al sector privado con matices) lo que está en juego y en riesgo es la salud. La salud personal y familiar. El riesgo en los empleos no suele transmitirse a las familias, pero este virus sí.

Por ello, las medidas no motivadas e incluso increíblemente injustificadas de los últimos meses, están haciendo un daño excesivo a la credibilidad en la cadena de mando. Ya desconfiábamos de la clase política, pero ahora lo hacemos de cualquier persona con un mínimo de jerarquía en nuestras organizaciones.

Negar la flexibilidad horaria, la conciliación, el teletrabajo, complicar la vida de las personas que trabajan en la AAPP, ha traspasado límites en estos meses que han cambiado los calificativos que vuelan hacia arriba con términos que no deberían ni siquiera plantearse. Pero hay miedo, pánico, y la respuesta no será como años atrás. Además, ya no hay café durante el cual “desahogarse”. Y siendo lo público el objeto de estas notas… ¿qué pueden esperar las personas que trabajan en el sector privado cuando por idénticas necesidades lo que se juegan es el despido en un mercado laboral precario, más en tiempos de pandemia? ¿Quizás ahí se pueda entender mejor la necesidad de activar la confrontación empleo público/privado?

Y el riesgo para nuestra sociedad es claro. Las mayores crisis sociales de desconfianza y miedo han aupado históricamente a las dictaduras más perversas. El mal es indeseable pero es seguro. Y muchos, con el miedo, buscan (y buscarán) la seguridad del discurso más radical.

Y por eso, adaptando unas palabras que en otro contexto he escuchado a Eugenio Moliní (@EugenioMolini), sobre las cenizas que queden en la AAPP deberían sobrevivir personas dispuestas a construir algo mejor. Una AAPP en cenizas que además ha perdido el afecto de sus empleados/as fruto de esta época de falta de respeto frente al trabajo hecho durante una pandemia brutal.

Porque lo público debiera ser (¿y será?) siempre garantía del respeto en las relaciones laborales y palanca de mejora de las condiciones en el sector privado.

Y concluyo ya con un recordatorio para las personas que abusan del garrote: cuidado con el “retroceso” de la fuerza empleada. Es pura física.

¿Cómo es el día siguiente a que te cesen?

El día siguiente al que cesan te levantas alterado, como cuando apruebas la oposición pero no dices “¡He aprobado!” sino algo mucho peor.

Ese día te encuentras con un amigo que lleva 6 meses sin trabajar porque las Administraciones aún no han acordado un protocolo para su sector, y piensas en lo dura que es la vida para muchas personas, y en lo necesario que es seguir trabajando por unas AAPP eficientes. Y sabes que toca seguir peleando.

Ese día, además, al haber sido cesado por adelantado por teléfono un día antes, ya has recibido tanto cariño y respeto que sabes que el ostracismo que probablemente vendrá después no tapará lo ya recibido.

También agradeces a los bienintencionados que te piden prudencia y que aproveches nuevas opciones, igual que a los que prometen inmolarse contigo en la lucha que quieras emprender. Incluso aunque no sean sinceros. 

Pero tú sabes que no te retiras. No harás eso. Has sido educado para decidir que entre “plata y plomo” hay que llenarse de plomo y ser coherente. Lo llevas tatuado

Nivel 30 consolidado. Y crees en lo que haces, en lo que has hecho y en lo que harás. Si un nivel 30 no trabaja y lucha por mejorar la administración, ¿quién se lo puede permitir?

Y piensas, “cesado por pedir el teletrabajo” el día que la La Voz de Galicia publica esta noticia, y crees que hay gente que no lee la prensa, o prensa que no ve la realidad. Pero la orden de cese dice lo que dice:

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Y el día siguiente a que te cesen piensas en los proyectos que quedan a medias, la gente que no ha hecho nada bueno, la que no ha trabajado en la pandemia y la que no lo hace nunca y sigue,… Pero sabes que hay gente que va a mejorar mucho la administración (si les dejan – página 11 de la Revista: https://codigocero.com/codigoceropapel204.pdf)

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Y piensas que si ha teletrabajado todo el personal de Hacienda bien de marzo a junio y ahora nadie en intervención delegada tiene teletrabajo aprobado es raro… Y piensas que si no hubiese una pandemia que ha matado a más de 30.000 personas todo el personal estaría en presencial y es raro… Piensas que quizás no sea tuyo el problema.

Y te preguntas que si el personal que controla a los Gobiernos se puede cesar así, ¿qué independencia tienes en tu trabajo? Y que si la ciudadanía quiere eficiencia en el uso del dinero público (sí, el que paga Educación, Sanidad, Servicios Sociales), debería pensar en garantizar la independencia de quienes controlan, y la igualdad en sus condiciones de trabajo con los que gestionan mejor o peor ese dinero.

El día siguiente a que te cesen piensas que Coruña tiene el color para reflexionar.

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Y paseas con tu familia y amigos que van a sufrir desplantes pero te apoyan al 100%. Y sabes que aciertas con tus compañías (algo haces bien).

Y piensas en tu madre que ya tiene “fallitos” y que es mejor que no lo sepa, porque no lo entenderá y le hará más daño de lo que realmente supone un cese (sigue diciendo que si te callases ya serías conselleiro). Y piensas en que hace un mes que un linfoma se llevó a tu madrina y sabes que donde esté con tu padrino de la mano reirán pensando: “Mira que es cabezón”. Y haré cosas buenas aunque a partir de ahora se pongan difíciles, porque sé de donde vengo y lo que ha costado llegar.

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A Lonia (Ourense). Circa 1916

El día siguiente a que te cesen es la leche. Con perdón. Porque pasa ese día y sabes que sigues con el mismo objetivo que hace 14 años. El interés general es el único objetivo por el que te pagan. El único. Y 30 años hasta jubilarte para demostrarlo. Nadie podrá decir que no lo has intentado.