Uno de los santuarios de los surfistas en Galicia se encuentra a 10 minutos de Carballo (Coruña), más en concreto en las playas de Razo y Baldaio
En 1991 (creo que reza el cartel) se fundó la 1ª escuela de surf de Galicia, con un poco de “susto” inicial para las personas que disfrutaban paseando de una de las playas más ¿peligrosas? de Galicia.
35 años después, ninguna AAPP «pudo» ver venir el turismo masivo de incluso estas playas que generan tanto “respeto” para el baño. Quizás hubiese ayudado para el análisis del “boom” turístico que algún jurado hubiese sido algo más benévolo con un análisis sobre mejora normativa (“better regulation”) y riesgos de colapso turístico en materia de vivienda en Galicia, pero adoptó otras decisiones más prudentes. Era probablemente un tema menor y ajeno al tema de la corrupción en las AAPP (¿o no?).
Tampoco los mercados de vivienda “tensionados” (vayamos incorporando el término) por el turismo eran un tema tan importante como para regularlos hace 2 años, ¿o sí? O quizás la falta de regulación a veces oculta o protege otros intereses.
Pero volviendo al tema del surf en Razo, nos puede servir de ejemplo de cómo la mala regulación, e incluso la no regulación, nos lleva a un problema de servicio público ineficaz.
Cualquier que vea 60 o 80 (en un cálculo optimista) furgonetas “camperizadas” un día gris de julio en una playa de Carballo puede preguntarse: ¿pueden ocupar un espacio público durante 3, 4, … 15 o 30 días seguidos? O puede no preguntarse nada y esperar a que no haya donde aparcar, a que haya algún conflicto por plazas en algún día soleado,…, o incluso mirar para otro lado como hemos hecho durante décadas (sí, décadas) con los pisos turísticos irregulares. En ese tema de a quién correspondía la autorización e inspección de los pisos turísticos, recaudar los impuestos defraudados en alquiler vacacional en “B”, etc, en ese tema nadie ha querido entrar en décadas, ¿no es cierto? (mira como quizás la corrupción asoma la patita…).
No seré yo quién niegue la “poesía” que reside en despertar mirando al mar, ducharse en baños públicos con la brisa de la mañana (el nordés huracanado),… Pero eso mismo en países tan “veraniegos” como Alemania o tan próximos como Portugal, tiene unos trámites, límites de permanencia, permisos, pago de tasas y demás tributos, etc. Porque así también se evita la masificación y el turismo es más ordenado. Y pagan quienes «más usan» (como el principio de quien contamina, paga. O debería pagar).
Pero en Galicia no. En Galicia, y en toda España, “ti vai facendo/tú vete haciendo”, ocupa el dominio público costero, construye una “galpón»(gallego)/caseta sin ningún permiso, sitúa tu furgoneta de reparto camperizada,… Y después grita que te sientes “rodeado”, acosado, perseguido por la ley.
Ninguna AAPP estatal, autonómica ni local ha considerado durante años que fuese necesario regular, ordenar el caos. Ahora que algunas AAPP deciden dar el paso de declarar zonas tensionadas, tasas turísticas (que como objeto de un próximo informe del Consello de Contas de Galicia no valoraré aquí),… nadie parece recordar que la ocupación de dominio público exige al menos regular, y sí, cobrar.
Por ejemplo, el reglamento del ayuntamiento de Carballo sobre circulación y utilización de las vías públicas (https://sede.dacoruna.gal/subtel/ordenanzas/ordenanza/6011253) prohíbe, por ejemplo, el estacionamiento en un mismo lugar por encima de 30 días consecutivos. Pero entender que ello autoriza a “residir” en una furgoneta unto a la playa ni un solo día es un fraude de ley de manual. Pero además, la colaboración en los costes de mantenimiento del aparcamiento, de recogida de basuras, también puede repercutirse a quién más los usa,…
Pero pretender acudir al reglamento de actividades nocivas,…. (RAMINP para los amigos) de 1961 para acotar las actividades de autocaravanas resulta bastante ineficaz, cuando no absurdo, en el año 2025. Aunque conviene recordar que no todas las furgonetas “tuneadas”, ni sus usuarios, muestran en ocasiones el mínimo respeto e higiene cuando exhiben al público sus “hogares de verano”. Y conviene recordar que de la misma forma que algunas ciudades grandes y medianas deben cerrar pisos y otros establecimientos turísticos que compiten deslealmente/ilegalmente con la hostelería o generan problemas de convivencia en las comunidades de vecinos, de la misma forma esas AAPP deben controlar algunas “camperizadas” que canibalizan la costa gallega (y otras).
Sorprende también en este punto (o no tanto) que algunas personas y sobre todo entidades que persiguen la “okupación” de su «negocio inmobiliario», miren para otro la lado cuando se trata de la ocupación del dominio público. ¿Sorpresa? En el fondo sólo parece confirmar que la normativa turística, como la penal, como la sociedad en general, castigan al “cuello” azul sólo, o mucho más, que al “cuello blanco”.
Es decir, que la ocupación no parece tan grave si la hacen surfistas en su Westfalia como si la realizan peligrosas personas “sin hogar” en plena calle “céntrica” de las ciudades. O no es lo mismo si se ocupa la propiedad privada de un banco o “fondo buitre” que si se trata del dominio público que pertenece a toda la ciudadanía.
No es, no obstante, algo nuevo. En este punto, el modelo de vivienda rodante y turismo, furgonetas y domicilio vacacional, ya arrancó con las casas que tenían ruedas pero no se movían durante años en terrenos no urbanizables e incluso protegidos. Ya arrancó con la discusión sobre las autocaravanas que se sitúan en los parques de muchas ciudades sin título ni régimen jurídico que lo ampare o lo sancione (y que por ejemplo en Islas Baleares van camino de “solución habitacional” permanente, degradante e inaceptable).
En este punto, estamos copiando la experiencia de los USA en degradar al máximo la posibilidad de vivir en un hogar “decente”, experiencia que allí generó barrios “fantasma” de caravanas destartaladas con un problema sociosanitario y una especulación inmobiliaria que, combinada con su alta tasa de consumo de drogas, ofrece a diario imágenes dantescas en sus ciudades (Detroit, San Francisco y su pandemia de fentanilo, ¿nos viene sonando?).
Pero seguro que el análisis del modelo turístico, su desregulación y sostenibilidad a través de una mejor regulación aún no toca(ba). Nadie dirá que es para proteger a la corrupción en el caso de las furgonetas camperizadas, pero en el de los pisos turísticos explotados por fondos de inversión algo sí que podríamos decir…