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De los deberes de buena vecindad en el siglo XXI (y de la limpieza de montes)

Se ha publicado esta pasado martes una noticia en el Faro de Vigo muy oportuna por la forma y por el fondo:

https://www.farodevigo.es/economia/2025/07/15/los-migrantes-sostienen-el-empleo-en-galicia-con-salarios-un-30-por-cien-mas-bajos-119698384.html

En #Galicia, con el debate sobre la despoblación y el Reto demográfico «más en portada y con más #datos» que en otros momentos (acceder al informe del Consello de Contas de Galicia), más de la mitad de nuevos ocupados son extranjeros. Y con un sueldo hasta el 30% más bajo, afirma el titular. Y en los trabajos más penosos, diría yo.

Mientras observamos con estupor (si la sensatez nos guía) las noticias sobre violencia y «cazas programadas» sobre la población inmigrante en algunos territorios «aislados» del país (porque eso sí es estar o querer estar aislado), los datos nos demuestran el peso, la relevancia que para nuestra economía tiene la mano de obra que cada vez más ha decidido Galicia como una opción de vida y trabajo.

Y si lo centramos en el interior de Galicia, con los mayores problemas de despoblación, su economía, pero también la seguridad y salud, se garantiza con el trabajo de la población inmigrante. Las estadísticas reflejan el pero en el turismo y hostelería (con el «boom» que nos puede agotar del turismo), pero también en el sector del cuidado familiar, servicios sociales, agrícola y del Mar. Y ahí, si los datos del trabajo «en B» aflorasen, el impacto sería aún mayor, porque cuanto más penoso es el trabajo, más impacto asume la población inmigrante.

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Evolución de los extranjeros trabajando en Galicia

Pero, como indicaba, en el interior de Galicia, donde la despoblación es un «gran problema» (o el gran problema), el impacto es aún mayor. Y la población inmigrante no lo tiene fácil para «integrarse» a pesar de su aportación a la economía (y a la natalidad tan deseada por los gobiernos). Y esos datos sí son demoledores.

No me resisto a afirmar que casos como el del colegio de educación secundaria donde estudié en Verín, configurado como un «guetto» como consecuencia del ¿fraude consentido? durante años en el padrón de algunos municipios próximos para no escolarizarse con según qué población, son una auténtica vergüenza. Y mi población de origen no es un caso aislado, ni el rural el único sitio donde se produce. Y será un problema social en los años que vienen. La convivencia integrada desde la infancia es la única vía para una convivencia real. La única que funciona de verdad.

Y ahí deben reforzarse los deberes de buena vecindad en el siglo XXI, en sociedades multiculturales, con alimentos o religiones tan diferentes como compatibles, no ya en la urbe más cosmopolita, sino en pueblos de 500 habitantes.

Y por eso tiraré de información de proximidad con un último ejemplo. Mientras la población de origen magrebí, etc, asume los trabajo de limpieza de los montes en el interior de Ourense (repasen las estadísticas oficiales o visiten los trabajos de limpieza diarios), pude presenciar hace semanas un esperpéntico episodio en la sede de un ayuntamiento ourensano. Una madre adulta acompañada de su hijo, ya talludito, exigían a una auxiliar que «les tramitase» la donación al ayuntamiento de una finca de la que habían recibido una notificación por no limpiarla como medida de prevención de incendios.

Más allá de que ni la tramitación inicial de una donación por un particular es competencia del personal del ayuntamiento, ni probablemente ningún ayuntamiento debería aceptar una donación cuyos tos asociados excede de los ingresos que podrá obtener.

Más allá de que la actitud de quienes pretenden imponer «la donación» demuestra que esas «fincas sin valor» permitieron pagar los gastos para emigrar a la «gran ciudad» pero no pagaron la educación para desenvolverse e forma al menos educada en sociedad.

Más allá de todos eso está un concepto: limpiamos las fincas próximas a la población porque nuestra propiedad es un derecho económico, pero también es una obligación con la seguridad de nuestros vecinos. Es un deber de vecindad. Es una actividad de prevención en invierno, para no sufrir en verano, como ha tenido que explicar con ejemplos hoy mismo en una reunión de «alto nivel» el European Court of Auditors a una eurodiputada española que preguntaba qué podían hacer en invierno para prevenir incendios (sí, lo ha preguntado): https://multimedia.europarl.europa.eu/en/webstreaming/committee-on-regional-development-ordinary-meeting_20250715-1000-COMMITTEE-REGI.

La buena vecindad y las normas que la desarrollan de forma transversal es un concepto que en las ciudades nos obliga (porque hay que obligar a ello, sorprendentemente) a «no poner música» a las 3:00 a.m. a todo volumen, s, a que nuestra mascota no deje sus restos en la calle,…, y que en el derecho internacional nos protege y nos obliga a acudir en ayuda de los demás,…

Por eso el titular del Faro de Vigo es ejemplar y huye del «clickbait» en una semana de titulares denigrantes, polarizados,… de frases de la clase política más… y probablemente menos preparada de los últimos 50 años. Y no sólo en España, que es grave, sino en Europa y en el resto del Mundo.

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Las cenizas de la Europa que Forges dibujó, las recogerá una sociedad que no aprenda pronto a formarse e informarse lo mejor y máximo posible, para protegerse de los discursos y actos explosivos. Protegerse a ellos mismos y a sus vecinos.

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