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Órganos de Control

Órganos de control: Nos pagan «por trabajar», no sólo «por ir»

Cuando era adolescente, en casa me contaban la anécdota de un miembro de las FFCC de Seguridad del Estado que, una vez aprobada la oposición, alegaba una «inadaptación al régimen militar» para pedir una jubilación inmediata con paga vitalicia.

Supongo que sólo era una fábula que pretendía insuflar el ánimo suficiente para la vida de «servicio público» en una época complicada. En los años 90 el compromiso de ciertas profesiones con el servicio público suponía superar el miedo a morir. Aleatorio. Sin más.

El valor no se presume, se demuestra cuando toca. Y digo esto porque de nuevo, como cada vez que puede haber algún funcionario/a que haya participado y facilitado un caso de corrupción, leo y escucho que existe mucha «presión» desde la clase política a esos funcionarios con graves responsabilidades (que casi nunca lo son, ni graves, ni responsabilidades).

Voy camino de los 20 años en la Administración. No me vengan con cuentos y justificaciones baratas. A (casi) nadie en los últimos 51 años en la Administración española le han puesto una pistola en la cabeza para que firme un informe de valoración de ofertas fraudulentas. Ni cualquier documentos. La fecha es evidente por qué la indico, y dejo un «posible casi» para quien demuestra en los tribunales esa presión.

Nadie está a cms de la valía de los dos amigos de la foto, por supuesto. Ni debería ser necesario. «No me piden ser un héroe», he oído alguna vez. Tampoco cuando eliges ser un villano más, te habrán obligado demasiado. Se corrompen por dinero y/o poder, que es lo mismo por lo que se mantienen en esa situación de «riesgo» durante meses o años. Te piden hacer tu trabajo, lo mejor posible, si no es mucho pedir. Pero cuando tocas poder (o cuando te suben al coche oficial, si procede, metafóricamente hablando), nadie quiere bajarse.

En un país con las más altas cotas de corrupción como el nuestro(que lo somos), la mafia (que la hay) casi no ha tenido que empuñar un arma para enfangar nuestras licitaciones y convocatorias de ayuda. Nos pagan por ir a trabajar. Y por trabajar.

Y un recordatorio: quien quiera dedicarse a otra actividad en su horario de trabajo como emplead@ público, que renuncie al puesto, que pida una excedencia, una compatibilidad si puede, o lo que quiera. Pero que no pida comprensión cuando mete la mano. Y mucho menos cuando le «cazan».

Venderse por un palco Vip, es venderse. Venderse por un puesto de trabajo para un familiar, es venderse. Venderse para que te permitan cobrar mirando para otro lado o abriendo la puerta, es venderse. Venderse es venderse, corromperse, no es «ser incapaz de resistir a las enormes presiones de la clase política».

Hagamos nuestro trabajo, y dejémonos de acompañar en los lamentos o enfados a una sociedad que sigue, en muchos casos, «haciéndose la sorprendida o enojada» por los casos de corrupción, cuando en la Administración llevamos décadas siendo un pozo de corrupción permanentemente alimentado desde dentro, y no sólo, ni mucho menos, desde fuera. Una sociedad en la que algunos, por cierto, que mucho vociferan, sólo esperan a que los incluyan en puestos de salida en unas elecciones, o en una lista de empleo que sólo algunos conocen o que se gestiona por una sociedad pública o encomienda que no está tan controlada.

Más recursos, y mejores recursos. Más control, y mejor control. Pero trabajemos y rechacemos las ofertas de corrupción, que la presión no es tan grande, tranquil@s.

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